Aca les copio el relato de mi amiga Cris, de Menorca, quien ha parido hace ya unos meses a sus dos pequeñas por parto vaginal después de una cesárea con su primera hija. Es la misma que nos compartió su experiencia con su hija con displasia de cadera y como entro en el mágico mundo de los portabebés ayudando a su Irene a no usar el arnes o ferula llevándola siempre en portabebé ergonómico.
La primera en cefalica y la segunda de nalgas, las dos nenas nacieron vaginalmente, despues de una lucha de la madre, con todos los especialistas que trataban de meterle miedo…
Les dejo el relato, que lo dice todo…
Parece increíble, pero ya han pasado seis meses desde que vinieron al mundo mis mellizas. Ya empiezan a balbucear sus primeros ta-ta-ta y mammmm, las miro y siento una dicha infinita. Creo que va siendo hora de re-escribir el parto, que la primera redacción fue hecha a toda mecha entre visita y visita a la zona de incubadoras.
Un poco de historia primero. Mi primera hija, que tiene ahora dos años y medio, nació por cesárea (programada por venir en podálica) nada humanizada y estuvimos separadas cuatro largas horas por simple cuestión de protocolo, comienzo de lactancia materna dificultosa… Cuando me quedé embarazada “del segundo” una cosa tenía clara. Que no iba a volver a dejarme presionar, ni engañar ni “rajar” si podía remediarlo. El día que mi marido y yo fuimos a hacernos la primera ecografía, la de las 12 semanas, ya llevaba debajo del brazo un plan de parto de 10 páginas.
Cuando el ginecólogo nos dijo que había dos bebés, me dio por reír… mi marido simplemente se quedó con la boca abierta. Después de recuperarnos del susto, le pregunté al ginecólogo por la posibilidad de un parto vaginal y me dijo que aún faltaba mucho, que dependía de las circunstancias, pero que por ser gemelar y con cesárea previa, el parto era de alto riesgo, etc. Yo ya veía otra vez pender sobre mi cabeza la cesárea.
Pasaron los meses y la verdad es que tuve un embarazo de lujo. Ni un problema, fuera de las molestias comunes. Sobre la semana 36 empecé con muchos picores, me diagnosticaron colestasis en el hígado y ya quedé ingresada. Por el riesgo que suponía para las mellizas estar expuestas al alto nivel de ácidos biliares, los ginecólogos nos recomendaron finalizar el embarazo a las 37 semanas. Estuve ingresada 10 largos días antes del parto, con dos monitorizaciones al día, que duraban entre media hora y dos horas. Por supuesto durante ese tiempo todos los ginecólogos se dedicaron en cuerpo y alma a intentar convencerme de que la cesárea era lo mejor (por aquellos tiempos ya tenía a Irene encajada y a Abril de nalgas).
Estando de 37+2, la ginecóloga de turno me dijo que era hora de decidir. Si inducción o cesárea. Creo que fue la mañana que más larga se me hizo en toda la vida. Cada media hora cambiaba de opinión, le pregunté a mi marido, a mis amigas, (mis chicas de criando múltiples y de la red canguro, que grandes sois), al ginecólogo que me hizo la eco de las 12 semanas, pero al final me di cuenta de que no se lo había preguntado a las dos personas más importantes, mis chicas. Y de repente lo tuve clarísimo. ¡Iba a intentarlo al menos! Por ellas, por mí y por todas las madres con cesárea previa.
De 37+3 me bajaron a paritorios, me tumbaron y me pusieron gel de prostaglandinas. Mi marido estaba sentado a mi lado en todo momento. Fue un día largo, en el que tuve unas cuantas contracciones sueltas, pero ni siquiera dolían. Después de estar de 9 a 21h. con el gel puesto, vinieron a hacerme un tacto. ¡La punta de un dedito había dilatado! Menudo fracaso…
Sobre la una de la mañana empecé con contracciones y pensé ¡bien, puede que me libre de más inducciones! Pero pararon a las tres.
Así que al día siguiente ya empezamos directamente con oxitocina y rotura de bolsa (sobre las 10 y media de la mañana). Una auxiliar se las vio y deseó para romperla, porque solo había 1cm de dilatación. Recuerdo que la maldije en mi fuero interno unas cuantas veces, qué daño…
La mañana fue pasando sin muchos avances, alguna contracción suelta… yo me la pasaba semi-sentada en la cama, porque no podía moverme demasiado con los monitores enchufados porque se perdía la señal. Algún rato leía, otro escuchaba música o charlaba con mi marido.
La ginecóloga (era la primera vez que asomaba la cabeza por la habitación) vino a hacernos una visita de “cortesía” para ver si conseguía convencernos de hacer la cesárea. Entre otras lindezas mencionó la posibilidad de que mis hijas sufrieran la muerte o que se le partiera la columna a la segunda. Mi marido tuvo que sentarse, se mareó y se quedó blanco. Eso, curiosamente fue lo que me sacó del estado de shock y le animé diciendo que todo iba a salir bien. Y lo sabía, lo presentía en lo más profundo.
Aunque un tacto a mediodía nos reveló lo que ya sospechábamos, que solo habíamos avanzado 1 cm más.
Decidieron subirme la dosis de oxitocina y no recuerdo exactamente cuando fue, pero empecé a tener contracciones bestiales, cada 3, 2, 1 minuto, que solo conseguía “soportar” de pie, enganchada a mi marido (pobre… si el suelo hubiese sido más blando lo hubiera hundido en él). Recuerdo muy difusamente aquella parte del parto, porque el dolor literalmente me partía por la mitad. Yo temblaba y lloraba y apenas me daba tiempo a coger aliento.
Vino la matrona y al verme en aquel estado me recomendó la epidural, a pesar de no ser muy pro-epidural, porque en mi caso aquel dolor (que además era antinatural y para nada había sido progresivo) estaba paralizando el parto, no avanzábamos nada. Así que muy a mi pesar acepté, aunque sabía que cabía la posibilidad de que la dilatación se terminara de parar.
En aquel momento me sentí un poco decepcionada conmigo misma. Pero no era plan de hacerse la heroína, sino de intentar salvar el parto vaginal. Las contracciones me dieron el respiro justo para que la anestesista pudiera ponerme la epidural. ¡Bendito invento! En un minuto se me quitaron todos los dolores. El problema es que ya tampoco sentía las contracciones, por lo que me quedó el regusto de que no estaba dilatando nada de nada. De hecho, me hicieron un tacto al cabo de una hora y seguía de 2 cm. Eso era a las cuatro de la tarde.
Me dieron de plazo hasta las seis, a esa hora vendrían a hacerme otro tacto y decidiríamos. (aunque al cabo de un momento pasó la anestesista hablando por teléfono y diciendo que no podía ir a no sé dónde porque a las seis tenía una cesárea… esa era yo, parece que nadie daba un duro por mí.) Como nos dijeron que iba para largo, mandé a mi marido a que fuera a dar una vuelta, para despejarse.
Se iba acercando la hora fatídica y entró la matrona. Me dijo que iba a ponerme una sonda para que pudiera hacer pipí, pero yo tenía muchas ganas de ir al baño (y no precisamente a hacer pipí), así que se lo comenté. En ese momento me miró un poco raro y me dijo que iba a hacerme un tacto. Mientras me lo hacía se le pusieron los ojos como platos… Le pregunté que qué pasaba y me dijo que ni se me ocurriera empujar, ¡que estaba completamente dilatada y que nos íbamos pitando al quirófano! No me lo podía creer, había dilatado 8 cm en dos horas e ¡iba a parir a mis niñas!. Hicieron entrar un momento a mi marido mientras echaban a correr (no había nada preparado, porque ellas ya daban por supuesto que sería una cesárea)… Cuando le dije lo que pasaba también alucinó.
Volvió la matrona acompañada de un par de enfermeras y me llevaron a quirófano. Ahí mi marido no pudo entrar… me supo fatal que ésta vez tampoco iba a ver nacer a sus niñas. Mientras me cambiaban de la cama a la silla de partos, todo actividad a mi alrededor… faltaban enfermeras, faltaba la anestesista, faltaba el ginecólogo de apoyo… Entró la ginecóloga y recuerdo que estaba blanca como la pared. Así que yo me aferré como una loca a mi matrona, que me cogía la mano y me animaba en todo momento. Me preguntó si tenía ganas de empujar y le dije que sí. Así que sin esperar a nadie (en ese instante entré en mi planeta parto, en el que sólo estábamos la matrona y yo) me puse a empujar y en 7 u 8 pujos noté salir a Irene. ¡Qué sensación! Vi como se la llevaban al lado y la emoción me embargó, ¡estaba bien! ¡Y la había parido yo! Pero me recordaron que ya habría tiempo para emocionarse, que ahora venía la parte más difícil, parir a la segunda, que venía de nalgas. La matrona me preguntó si seguía teniendo ganas de empujar y le dije que sí. Así que empujé 2 veces con todas las fuerzas que me quedaban, la ginecóloga aprovechó para romper la bolsa y ¡plup!, nació Abril, sin necesidad de absolutamente ninguna maniobra. ¡Solo 2 minutos después de su hermana y completamente de culo! También se la llevaron y también estaba bien. Irene peso 2110 kg y midio 45 cm y Abril 2020 kg y 44,5 cm.
La sala donde les estaban haciendo las pruebas pertinentes estaba al lado y había un enorme cristal, por lo que pude verlas y pude ver a mi marido, al que habían dejado entrar para que las viera… La felicidad me embargó… lo habíamos conseguido.
La ginecóloga me estaba cosiendo una episiotomía de 5 cm. después de la expulsión de la placenta (que también salió sin muchos problemas y era enoooorme) cuando llegó el ginecólogo de apoyo con la lengua fuera. Alucinó con mi expulsivo express y me dio la enhorabuena.
Cuando terminó de apañarme por ahí abajo, la doctora se acercó y me confesó que de todo el equipo médico ella era la única que se había propuesto “negarse” a atender mi parto y que llevaba días leyendo todo lo que le caía en las manos sobre partos de nalgas. Por entonces ya había recuperado el color y la sonrisa.
Después de las pruebas pertinentes y gracias a la matrona, nos dejaron a mi marido, a las nenas y a mí un ratito a solas en una sala tranquila, donde les di el pecho a las dos a la vez, por vez primera. Fue un momento mágico que nunca olvidaré.
Y asi fue como, contra todo pronóstico, conseguí mi parto vaginal gemelar después de cesárea con la primera en cefálica y la segunda de nalgas. ¡Ahí es ná!
nececito un ginecologo que me ayude a tener a mi 3 hijo parto natural pero yaaaa, e visto un millon y nadie quiere porque dicen que es mucho reisgo pero e estado leyendo hay muchas que lo han logrado,porfavor ayudenme
Hola Leyla
Estas en Bogota?
Hace cuanto fue tu ultima cesarea?
Si estas en Bogota tengo como contactarte con una doula que sea tu guia, te acompañe a hablar con el ginecologo y te guie en instituciones que sean respetuosas con las mujeres y los bebes en el momento del parto. Te acompaña en la preparación del parto, en el parto y en el post parto.
Si eres de otra ciudad o pais, dejame saber de donde para poder ayudarte.
Quedo pendiente de lo que necesites
Impresionante e increible. Solo hay que tener fe en uno mismo. Felicidades chica. Que gran ejemplo eres. Te deseo lo mejor
Buenos días.
Tengo cesarea previa y estoy embarazada de mellizos. Por supuesto quiero intentar mi PVDC pero no sé a dónde acudir, no sé de ningún gine ni hospital que pudiera atreverse a ayudarme.
Leído este relato, veo que hay esperanza, por eso quiero luchar por ello.
¿Sabeis de algun hospi y gine que practique este tipo de partos?
Gracias.
Un saludo
Hola Isabel, que bien que quieras luchar por tu PVDC, compartenos en donde estas, desde que pais nos escribes, para poder buscar en nuestra red de doulas informacion que te ayude a lograr tu objetivo.
Quedamos pendientes de tu respuesta.
Abrazarte
A un beso de distancia