Desde el instante en que llegan al mundo, los bebés están listos para comunicarnos sus necesidades. A medida que aprendemos y reconocemos lo que necesitan y nos encargamos de proporcionárselo, les vamos enseñando muchas cosas sobre el mundo que los rodea. Aunque este proceso bidireccional no se produce de la noche a la mañana, es uno de los más importantes; quizá el más importante de todos los caminos que recorrerás con tu hijito.
Está demostrado que los niños que reciben buenos cuidados durante el primer año de vida desarrollan mejores aptitudes para controlar el estrés, forman relaciones más saludables, van mejor en sus estudios y tienen más autoestima. En términos generales, tienen más posibilidades de disfrutar de una vida equilibrada y sentirse realizados.
¿Significa esto que un hijo adoptivo o que tenga un padrastro o madrastra sufre una desventaja? No. ¿Significa entonces que los padres que trabajan o se divorcian no pueden dar a sus hijos suficiente atención para que sean adultos felices? ¡De ninguna manera!
Ya seas madre o un padre soltero, abuelo, padre adoptivo o de crianza, un alto ejecutivo o alguien que busca trabajo, es importante que sepas que puedes apegarte a tu bebé.
Un bebé busca esa proximidad de la madre a través del llanto, la necesidad de ser acunado, las sonrisas reflejas, la succión, el balbuceo y el llanto porque necesita ser aceptado y protegido incondicionalmente. Y eso es la base de la continuidad de la especie humana.
El que el apego sea fuerte, débil o inexistente causará diferencias que durarán toda la vida. Los bebés que crean un apego saludable y seguro ven a sus padres o cuidadores como una fuente de consuelo y una plataforma sólida desde la que pueden explorar el mundo y jugar. Estos bebés echan de menos a sus cuidadores cuando se van y se sienten aliviados cuando regresan. Gracias a una fuerte base emocional basada en la confianza, se vuelven adultos seguros, competentes y bondadosos.
El apego se produce las primeras semanas después del nacimiento del bebé, mientras que el vínculo emocional se suele desarrollar durante los dos primeros años de vida.
Como consecuencia, estos niños pueden volverse excesivamente dependientes (desesperándose cuando sus cuidadores se alejan) o inadecuadamente independientes (ni siquiera parecen darse cuenta de su ausencia). Y también los hay que se comportan de manera asustada o caótica en presencia de sus padres. Estos niños pueden ser más vulnerables a ciertos problemas de ansiedad, rabia o depresión. También podrían tener <15300068>dificultades sociales –muy mal comportamiento y desobediencia- y una falta de motivación en la escuela.
Asimismo, los cuidadores egocéntricos, controladores, abusivos u hostiles pueden causar daños duraderos. Pero cuando los padres reaccionan de forma sensible, reconfortante y sistemática a las necesidades de sus hijos, crean un apego seguro y saludable. ¿Por qué? Porque para el bebé es importante que sus cuidadores comprendan lo que él necesita. Y cuando esto ocurre, el pequeño aprende a confiar en los demás.
Eso no es lo mismo que decir que un niño debe tener acceso a todo lo que quiere, explica la psicóloga infantil Kori Skidmore, sino que cuando el bebé expresa una necesidad o deseo, sus padres deben responder con alguna señal que diga, “sí, te oigo, hijo mío”.
Por ejemplo, durante un paseo tienes que pasar al baño a cambiarle el pañal a tu hijito de 6 meses, quien protesta a todo pulmón. En lugar de darte por vencida, le cambias con calma el pañal a la vez que reconoces la aflicción de tu pequeño, diciendo: “pobrecito mío, tienes tu pañal muy mojado, ya verás como te sientes mucho mejor cuando te lo cambie, y luego podemos salir otra vez a jugar”. Aunque tus palabras no signifiquen nada para tu bebé, tu tono de voz le asegura que lo comprendes y entiendes su incomodidad o dolor.
Por ejemplo, buscarán la ayuda de una persona que les de apoyo y consuelo cuando tengan que superar situaciones estresantes en el mundo, sobre todo si han tenido una experiencia afectiva con esa persona anteriormente. Al responder atentamente a sus necesidades y estar disponible emocionalmente para tu hijo, estarás estableciendo tu vínculo afectivo con el bebé y reforzando el apego.
De hecho, establecer un apego saludable es un proceso continuo. A medida que los niños crecen y se sienten más seguros para conectarse con el mundo, sus padres son sus maestros. Incluso cuando sean adolescentes, seguirán necesitando un lugar donde sentirse seguros y contar con personas receptivas que los quieran. Los lazos emocionales que se establecen durante el primer año y se fortalecen a lo largo de la niñez y la adolescencia ayudarán a tu bebé a transformarse en un adulto feliz y productivo. Y tú también serás una madre o padre mucho más feliz.
Maria Camila Puerta
Psicologa
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