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A un beso de distancia

Aprende a escuchar a tu hijo


Desde la primera infancia, la necesidad de un niño de relación humana significativa con muchas otras personas es tan fuerte como la necesidad de comida, descanso y protección. Puedes ver a bebes empapándose en la mirada amorosa de su padre o madre con largas y fijas miradas. Puedes ver cómo el cuerpo de un niño se enciende con esperanza cuando una persona querida le llama. Puedes oír la clara y buena risotada cuando un niño se siente seguro jugando con sus amigos. Estos momentos de conexión son los que llevan la confianza de un niño de desafío en desafío en un mundo que no entiende ni domina por completo.
La confianza que un niño siente en sí mismo, en sus habilidades y en las personas queridas es fuerte. Esta confianza también está tras la gran capacidad de los niños para aprender, de su deseo de experimentar, de su creatividad y de su franqueza. Hasta cierto punto se conocen, conocen su inteligencia, y no tienen que parar a cuestionarse o censurarse mientras exploran su mundo y sus relaciones. Esta confianza es profunda y preciosa. Merece hacerse un gran esfuerzo para mantener la confianza de los niños en ellos mismos y en nosotros.
Para ello puedes usar la información que sigue a continuación para construir tu capacidad de relacionarte con tu hijo y volver a relacionarte con él. Sentimientos de dolor, malestar y confusión desgastan las relaciones, pero esta situación puede cambiar. Los niños constantemente tienden la mano para relacionarnos, para conectar de nuevo. Nos hacen saber cuando han sido dañados, así que no es difícil ver cuándo hay que ponerse a trabajar. Y brillan de buena gana tan pronto como nos las arreglamos para imaginar cómo ser útiles con ellas y ellos.
Durante el desarrollo de la comprensión de cómo funcionan los niños, padres y madres tropezábamos una y otra vez. Nos escuchábamos mutuamente por turnos, descargando nuestros sentimientos de tristeza, frustración y malestar a través de llantos, risas y charla sincera; entonces volvíamos a nuestros niños e intentábamos comprender cómo escuchar bien su necesidad de nuestra atención. Aunque en ese momento la información acerca de escuchar los sentimientos dolorosos de los niños estaba bastante bien organizada, nuestro proceso de aprendizaje no lo estaba. Lo que aprendíamos parecía ser guiado tanto por los malestares que nuestros niños nos enseñaban con mayor insistencia o por los malestares suyos que nosotras y nosotros no soportábamos. En cualquier caso, “descarga (desahoga) los sentimientos”, resultó ser la respuesta número uno a la mayoría de las preguntas que teníamos. Así que cuando tú comiences a usar estas ideas no te preocupes de si estarás equivocándote (lo estarás si estas aprendiendo), o de que parezca duro. Sentirás que es duro. Sin embargo, la cercanía que tú y tu hijo seréis capaces de construir usando estas ideas hará válido el esfuerzo.
Las dificultades que tú sientas procederán de dos fuentes: los rígidos patrones de comportamiento que tu familia te transmitió y la dureza de la opresión de padres y madres. A causa de la opresión de padres y madres en nuestra sociedad, tus esfuerzos por apoyar a tu hijo y por conectarte en las relaciones en vez de controlarlas molestarán a algunas personas. Tú, como todas las madres y todos los padres, eres un blanco para la crítica. Necesitarás aprender a manejar y conducir los malestares de personas de tu familia, barrio y círculo de amistades. Estas personas observarán un tipo de atención hacia los niños que no han visto antes y tú tomarás decisiones como madre o padre que ellas y ellos no entenderán. Por ejemplo, quizá permitas que tu hijo llore hasta que termine. Intenta no dejar que estos malestares te confundan. Sigue descargando tus propios sentimientos con personas que te escuchen de verdad y con quien puedas compartir tus sentimientos.
Como padre o madre tienes derecho a aprender, a pensar, a intentar cosas nuevas y a evaluarlas. Todas las madres y padres lo hacen, de manera consciente o no. Muchas veces a lo largo del día no sabrás qué hacer. También harás cosas con confianza que luego resultarán equivocadas. No hay manera de aprender a estar bien con niños sin este tipo de líos.
Tu trabajo con tu hijo es un trabajo que asegura el futuro de la sociedad. Las cosas que aprendemos al prestar atención a nuestros niños pueden ser profundas y pueden hacer el resto de nuestras vidas mucho más poderosas. Los vacíos en nuestra inteligencia que nuestros hijos nos ayudan a identificar merecen ser atendidos. Y es un gozo estar con padres y madres. Hay mucho de bueno en trabajar juntos como seres humanos en el proyecto de atender las necesidades de nuestros hijos y nuestras necesidades como padres y madres.

(I)TIEMPO ESPECIAL

Escuchar a los niños dándoles “tiempo especial”
Padres y madres amamos a nuestros hijos. A menudo, nuestro amor por ellos es la más sentida emoción que hemos experimentado. Quizá no siempre nos sea fácil expresar este amor, pero definitivamente es una fuerza poderosa en nuestras vidas. Las veces en que podemos relajarnos, jugar y conectarnos con nuestros hijos son la esencia de nuestra valiosa relación con ellos. Sin embargo, siempre son pocos los momentos de relajación para que madres, padres e hijos compartan su amor. Todas y todos desearían que hubiera más.
Padres y madres no son culpables de esta falta de tiempo especial. En nuestra sociedad, el trabajo de padres y madres es poco apreciado y, pobremente entendido. La mayoría de las madres y los padres planean ratos de afecto y cercanía en familia, pero se encuentran cargados con suficientes responsabilidades como para ocupar a tres personas a tiempo completo. El exceso de trabajo nos separa de nuestros hijos. Vamos remendando la vida familiar con todo el corazón, pero con pocos recursos y muy poca ayuda. Una gran tarea a largo plazo será que la sociedad provea a madres y padres de los recursos y ayuda que necesitan para ayudarles en el importante trabajo que realizan. Debemos hacer todo lo posible para que padres y madres disfruten de sus hijos y de su condición de padres y madres sin las constantes preocupaciones de cómo sobrevivir.
En épocas difíciles, la costumbre de dar “tiempo especial” a sus hijos es una herramienta excelente para padres y madres. Es una manera sencilla pero valiosa para construir y reforzar las relaciones cercanas con ellos. Puede también ser un remedio contra el sentimiento de “no ser una madre o un padre lo suficientemente buena o bueno”, que nos ataca y acaba con nuestro entusiasmo. Cuando reservamos un tiempo para concentrarnos bien en las relaciones con nuestros hijos, llenamos algunas de las necesidades grandes de amor y cercanía que son naturales a cualquier edad. Empezamos a sentirnos más orgullosas de ser madres y padres y de la atención que les damos.
Dar a tu hijo “tiempo especial” es una forma activa de escuchar en la que él se sirve del juego para decirte cosas sobre su vida y pensamientos. Para empezar, tú pones toda tu atención en él. Observa todo en sus palabras, su expresión, tono de voz, postura y movimiento. Absorbe información hasta por los poros, como si tu hijo fuera completamente nuevo para ti. Aquí hay algunas reglas para hacer un “tiempo especial”:
• Aparta un periodo de tiempo corto y definido. Durante este tiempo no habrá ninguna interrupción: ni teléfono, ni timbre, ni alguien que atender, ni comidas que preparar… Que no tengas nada que hacer más que estar con tu hijo.
• Haz lo que puedas para librarte de preocupaciones y fatiga. Escoge un rato en el que puedas tomar un hondo respiro, dejar los trastos en el fregadero y pasar tiempo disfrutando con la extraordinaria persona que has traído al mundo.
• Durante el “tiempo especial” deja a tu hijo a cargo de la relación contigo. Hazle saber que tú estás dispuesta a hacer lo que quiera ese rato. Déjate dirigir, vale que te lo pida o simplemente que te demuestre lo que quiere hacer. Un cambio del equilibrio de poder habitual le animará a comunicarte pensamientos y sentimientos que no puede confiarte en el alboroto diario de la vida familiar.
• Muéstrale que estás disfrutando completamente con él. Haz que tu afecto, interés y satisfacción se noten en tu cara, tu voz y contacto. Puede parecer que tu hijo ignore tanta cordialidad, pero no te detengas en espera de agradecimiento o correspondencia por tu afecto. Tu hijo recibirá el cariño y decidirá cómo usarlo a su manera y a su tiempo.
• Espera cosas nuevas. Tu hijo aprovechará la oportunidad para mostrarte cosas nuevas sobre sí mismo.
• No caigas en la tentación de dirigir el juego con tus propias ideas o de “enseñar” cómo se podría hacer “mejor”. Tu hijo necesita muchas oportunidades para usar su propio juicio y experimentar con libertad. Los cambios del juego que tú pudieras sugerir no te permitirán entender por completo las ideas, las preferencias y los entusiasmos del niño. Modifica el juego que sugiere tu hijo sólo si es evidentemente peligroso.

Mientras tú escuchas, crece la confianza de tu hija o hijo.
Al ir dando a tu hijo “tiempo especial” con regularidad, irá confiando más en ti. Te mostrará más de sí, cómo ve el mundo y cómo se siente. Con probabilidad, tú verás algunas de las siguientes evoluciones que indicarán que tu hijo se siente más seguro contigo.
• Quizá te ponga a prueba. Puede que decida jugar a lo que a ti más te aburre o irrita, para ver si de verdad tú estás contenta con él pase lo que pase.
• Puede que tu hijo explore nuevos territorios con tu atención. A menudo, los niños decidirán usar la seguridad que hay en la atención de una persona adulta para medir sus límites físicos: brincando en las camas de todas las maneras posibles, yendo a caminar más lejos que otras veces o echando cualquier cosa, incluso a sí mismo en un charco de barro. Tu hijo usará tu permiso para lograr un aprendizaje intenso y completo.
• Tu hijo te mostrará cuestiones de importancia. Tarde o temprano, la actitud de goce y relajación que tú tengas invitará a tu hijo a tratar de enfrentar asuntos que ve desafiantes. Por ejemplo, si recientemente le pusieron una inyección, quizá seas tú objeto de vigorosas “inyecciones” aplicadas como juego durante el “tiempo especial”. O si un profesor le ha regañado, quizá juegue a ser profesor y te regañe a ti con las mismas palabras. En definitiva, te está comunicando un asunto importante. Tu ofrecimiento de escuchar ha sido fuertemente aceptado.
• Tu hijo mostrará una gran variedad de asuntos. La seguridad que hay en el “tiempo especial” le dará permiso para mostrarte detalles sobre lo que piensa y sus dificultades frente a temas variados: el autoritarismo, la violencia, los tratamientos médicos, el dolor físico, su cuerpo, la separación, la alimentación, etc. Usará el tiempo en que tú escuchas para resolver sus tensiones relacionadas con esos asuntos por medio del juego, de la charla y de los estallidos de sentimientos.
• Puede ser que tu hijo dé señales de un mayor apego hace ti. Descubrirá que tener “tiempo especial” contigo es muy tranquilizante. Empezarás a notar cambios positivos en él: más cariño, esperanza, ánimo en su vida, ganas de compartir sus pensamientos y logros… Tu hijo notará también estos cambios y querrá más de tu atención para sentirse bien consigo mismo. La solicitud de tu atención quizá se haga más frecuente durante el día. Tal vez sienta la confianza suficiente como para mostrar sentimientos de dependencia o temores que vienen desde la infancia (como por ejemplo tener miedo a la oscuridad). Al principio probablemente será irritante para ti porque parecerá como un “regreso” hacia un “comportamiento más inmaduro”. Pero en realidad es señal de progreso. Tu hijo ha usado la confianza ganada durante el “tiempo especial” para atreverse a mostrar problemas que ha venido cargando solo. Ahora puede pedir ayuda para resolver los asuntos que para él son importantes.
• Es probable que reaparezcan viejas dificultades que tú creías resueltas. Cuando los niños tratan de mostrar sus dificultades a padres y madres y son interrumpidos, ignorados, regañados o aislados, llegan a darse por vencidos en la búsqueda de ayuda y adoptan algún ritmo o comportamiento repetitivo que les evite sentirse tan mal en ocasiones difíciles. Al ir aumentando la seguridad en la relación, tu hijo quizá decida aprovechar que tú le escuchas para resolver asuntos pendientes. No limitarán sus demandas de atención a los períodos de “tiempo especial”, sino que simplemente empezarán a quejarse, a hacer berrinches o a llorar cuando les moleste algo. Desde el punto de vista de tu hijo, se siente seguro de que tú le aceptas y sencillamente ya no contiene sus malos sentimientos.

Responder a los problemas de los niños y niñas jugando y escuchando.
Una de las claves básicas para escuchar completa y atentamente a los niños requiere una manera activa de responder. El “juego-escucha” consiste en que tú escuches demostrando tu voluntad para ver lo que tu hijo piensa y siente al darle el papel poderoso en el juego. Cuando tomas el papel pequeño, más débil y menos competente, tu hijo tiene confianza para enseñar lo que piensa y siente acerca de cosas importantes. Tú escuchas con atención para encontrar oportunidades para ayudarle a vencer sus tensiones sobre algún asunto en particular a través de la risa y el juego.
Usemos como ejemplo el de la niña que quiere ponerle a papá una inyección porque ella recibió una recientemente. Así está mostrando su asunto. Si papá, dejando a un lado su acostumbrada compostura, puede tratar de escaparse y lloriquear jugando o de decir revolcándose: “¡No, por favor, inyección no!”, la niña podrá reír y seguir tratando de hacerle a papá lo que le hicieron a ella. Con frecuencia, es posible que los niños se rían durante un buen rato mientras resuelven un asunto, si las personas adultas asumen el papel débil y les permiten asumir el papel poderoso.
Este cambio de papeles deja que tu hijo lleve el control de la relación. Controla el desenvolvimiento sus sentimientos y percepciones sobre algún asunto importante para él. Su risa disuelve las pesadas tensiones que tenga acerca de ese asunto: los niños pueden reír hasta media hora o más, si las personas adultas pueden jugar todo ese tiempo. Un juego que empieza con mucha risa tratando de poner a papá una inyección, quien trata de escaparse, más tarde puede incluir fuertes gritos a papá, quien sigue zarandeándose asustado, y después llegar al punto en que su hija le tira almohadas para tumbarlo en su huída, todo envuelto en mucha risa y regocijo.
Para iniciar un “juego-escucha”, observa qué es lo que hace reír a tu hijo. Sea lo que sea, sigue haciéndolo. Una buena “escucha-compañera de juegos” actuará lo suficientemente desvalida como para no presentar amenaza, pero lo suficientemente activa como para ser interesante. Mantendrás tu atención en lo que tu hijo muestra de una cuestión en la que quiere “trabajar”. Por ejemplo, si quiere que la persigas, no creas que debes actuar como un “monstruo” (a menos que te lo pida). Las personas adultas tendemos a cambiar el objetivo en el juego para acomodarlo a nuestras propias ideas. Si has de perseguir correteando, hazlo con mucho escándalo pero con poco éxito. Puede que alcances a coger su camisa o que le atrapes por un momento (observa qué es lo que le causa risa), pero al final siempre se escapa. Por otro lado, si tu niño pide que tú seas un monstruo, actúa como un monstruo pequeño, torpe e incompetente, no como uno enorme y amenazante.
Cuando los niños son pequeños, la persona adulta necesita jugar un papel de debilidad para permitirle que se ría. Al crecer y aumentar su fuerza y confianza, los niños necesitarán más resistencia y competencia para mantener la fuente de risa. Si tú estás siendo muy brusca, tu hijo dará fuertes chillidos porque sus temores le hacen desconfiar de las buenas intenciones. Si da chillidos en vez de reír, vete despacio y con suavidad, para que vuelva a tomar la iniciativa. Tu hijo necesita sentir seguridad y control de la situación para que a través de la risa relaje la tensión que tenga sobre algo. Otro aviso: no le haga cosquillas. Las cosquillas son una forma inconsciente de tocar que puede angustiar a un niño con facilidad.
A veces, madres y padres temen que si adoptan el papel más débil al jugar, sus hijos les perderán el respeto. Esta preocupación, sin embargo, es infundada. A tu hijo le encantará la oportunidad de enseñarte lo que siente o le molesta de esta manera afectuosa de tratarle y, con probabilidad, querrá más “tiempo especial” que el que tú estés preparada para darle. Después de un rato de juego con mucha risa puede ser que tu hijo esté muy cariñoso, cercano y relajado. En ocasiones, sentimientos más profundos saldrán con más libertad. Después de un rato de juego lleno de risa, las pequeñas dificultades pueden fácilmente traer un largo y sentido llanto. El juego y la risa le han dado confianza a tu hijo y ahora te muestra sus sentimientos más dolorosos que tiene dentro.
Jugar activamente con los niños no es fácil para la mayoría. Generalmente, nuestras madres y nuestros padres trabajaban mucho y bajo muchas presiones como para jugar así cuando éramos pequeños. No hemos encontrado muchas personas adultas que puedan guardar sus preocupaciones y jugar activamente sin tener que dominar. Si el juego-escucha te parece difícil, trata de que alguien te escuche a ti mientras hablas sobre lo que te resulta difícil, compártelo con alguien. Tomar tiempo para hablar sobre la irritación y las preocupaciones que no te dejan jugar te ayudará a seguir intentándolo a pesar de tus incomodidades.

Los sentimientos profundos de los niños.
Tanto las personas adultas como los niños buscan amistades en las que exista suficiente seguridad para permitir que el sentir acompañe al pensamiento expresado. Nuestras más cercanas relaciones son con personas que nos quieren lo suficiente para dejarnos mostrar lo que sentimos sin apurarnos a “retomar las compostura”. Los niños muestran sus sentimientos profundos con facilidad: rabietas por la frustración, temblor y sudor por el miedo y mucho llanto cuando hay tristeza. Los niños de padres y madres que saben escuchar llorarán y se enfurecerán con frecuencia durante su infancia como parte de un proceso para limpiar tensiones y confusiones. Los temores y las penas de tu hijo le son un estorbo porque necesitan mucha de su atención para controlarlos y cargarlos consigo mismo. Pero si puede desahogarlos por completo, estará libre para volver a ser cariñoso, cooperativo y confiado.
A un niño le ayuda que se le permita mostrar sus sentimientos hasta que éstos se calmen. Nuestra reacción típica cuando niños y niñas están mostrando lo que sienten es la de “hacer algo para que se callen”. Sin embargo, es importante que cuando empiecen las lágrimas o las rabietas, padres y madres sigan escuchando con cuidado, cerca del niño, tocándole o abrazándole con ternura y diciendo algunas palabras cariñosas. Si hablas de más, dominarás la interacción y tu hijo ya no estará escuchando. Sin embargo, si tú escuchas lo que siente sin tratar de “corregirle”, se sentirá muy apreciado y cuando haya sacado sus sentimientos con llanto o una rabieta, empezará a notarte y observar el entorno y, por lo general, se sentirá aliviado y renovado. Después de mucho llanto, a menudo viene una risa ligera y bostezos, que indican que el niño está reajustando su perspectiva.
Cuando un niño se siente tenso o solo, puede que “cree” una situación en la que una persona adulta le tendrá que poner límites a su comportamiento. Una vez fijados los límites razonables, el niño aprovechará la oportunidad para llorar o rabiar y así liberar la tensión que está sintiendo. Si se le permite trabajar en sus daños con confianza y buena escucha, saldrá relajado, consciente y razonable de su explosión, aceptando los límites que se fijaron. Sin embargo, si hay pendiente mucha tensión, ira o desconfianza, tu hijo tendrá que llorar o rabiar extensamente, antes de desalojar suficientes escombros emocionales para recordar que se le quiere y aprecia.
Muchas madres y muchos padres descubren que escuchar el llanto o berrinches de su hijo sin pedirle que “se comporte” o se calle, es en realidad mucho más fácil y recompensa más que tratar de controlar, distraer o forzar un comportamiento amable en él. Tú puedes ser efectivo comunicando tu amor a tu hijo en ocasiones de llanto y berrinches, cuando él cree que el mundo se le derrumba. Cuando te acercas sin condiciones, el niño puede volver a construir su mundo, a su propio tiempo y con tu cariño como parte de este mundo. Se sentirá profundamente querido si tú continúas mostrando que le quieres aun cuando él muestra sus peores sentimientos.
Darle “tiempo especial” regularmente te iniciará en la costumbre de respetar el juicio de tu hijo y de escuchar los sentimientos y las tensiones que esté dispuesto a enseñar. Al principio, esta manera de escuchar es muy difícil para casi todas las madres y todos los padres. La mayoría no recibimos el cuidado ni la atención de los que hablamos aquí. Es un territorio desconocido y a veces nos sentiremos incómodos. Sin embargo, la respuesta de los niños puede ser la guía. Cada vez que les escuchemos en su llanto, cada vez que un “tiempo especial” esté lleno de explosión o risa, nos mostrarán que estamos reforzando la relación que tratamos de construir con ellos.
Copiado de Patty Wipfler
This article is from: http://www.handandhandparenting.org

Un comentario el “Aprende a escuchar a tu hijo

  1. abrazarte
    23 mayo 2010

    Poco largo pero vale la pena.

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Esta entrada fue publicada el 23 mayo 2010 por en Continuum, Crianza, Maternidad.

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