Portabebes Abrazarte

A un beso de distancia

Pariéndote, por Katrina A. Méndez


Este es el relato de parto que nos comparte nuestra colega, Katrina Alexandra Méndez. Desde su blog Criandonos

Mil gracias de antemano por compartir tu experiencia, sera ejemplo para otras mujeres, y formara parte de la red de apoyo, que muchas mujeres buscan al momento de quedar en embarazo, y se cuestionan los métodos tradicionales, la crianza convencional, y el “comer calladitos”

Pariéndote, por Katrina Alexandra Méndez

Esta es la historia de cómo te recibí el Sábado 6 de Diciembre de 2008.

Nuestro parto empezó el viernes 5, por la mañana. Me levanté sin molestias, pero pronto comencé a sentir algo de calambres.

Fui al baño y expulsé una sustancia trasparente, como clara de huevo, pero más compacta y amarillenta.

Como ya habíamos tenido una amenaza de PP (parto pretérmino), supuse que sería el “tapón mucoso”, que es el encargado de tapar el cuello del útero; como si no quisiéramos que se saliera el precioso líquido de una botella finísima.

Pero, era de esperarse, pues era el día preciso, según las cuentas del médico.

No me preocupé en absoluto. Sólo sentía un cosquilleo de emoción, esperando verte pronto y tenerte entre mis brazos.

Pude hecer aseo, bañarme, depilarme, y hacerme pedicure… con algo de dificultad, claro, por aquello de la barriguísima.

Ya tenía todo listo, pero no quería apresurarme. Hacia el mediodía, mientras veía las noticias, me paré frente al televisor de la abuela, y me balanceaba, y rotaba las caderas, para aliviar el dolorcito que se iba haciendo más y más fuerte.

Almorcé, ví televisión, y fui pasando el día. Pude comer, aunque elegí algo FÁCIL DE ELIMINAR. Pero ya, hacia las 6pm, le avisé a tu padre (a quien no conoces), para que se fuera preparando, porque el dolor avanzaba, y ya no era tan suavecito. Comí varias naranjas, para ELIMINAR todo lo que anduviera por ahí, justo en tu camino. Y no pasar vergüenzas en el hospital, pues ya me habían hablado de lo mal que se trata a las parturientas. No quería pelear con nadie, en el momento de tu nacimiento.

Hacia las 8pm, hablé con el abuelito, que me trajo una cámara para que te tomara fotos recién nacida. Y más tarde, hacia las 10pm, llegó tu padre.

A esa hora ya había empezado a anotar en qué momento sentía cada contracción, para calcular cuándo debía salir para el hospital.

Y aprovecho para decirte que no me estaba retorciendo de dolor. Tal vez se deba a que, he sufrido de cólicos menstruales desde el desarrollo. No sé si ha sido a causa de mis ovarios poliquísticos, pero he tenido cólicos tan fuertes que me han causado vómito y temblores. Me he retorcido y llorado de dolor, durante más de una hora. Recuerdo mucho a mi papá, cuando tenía yo unos 14 años, viéndome llorar y retorcerme, y haciendo una cara de desamparo, que me daban ganas de consolarlo, aunque la del dolor era yo.

Así que, las contracciones fueron para mí, un cólico de mediana intensidad, y con la ventaja de que iban y venían.

Finalmente, salimos hacia el hospital (universitario), a las 2am.

Cuando me recibieron, la estudiante de turno me revisó, y me dijo asombrada, que ya tenía 8 ó 9 cms de dilatación, y que no entendía cómo es que yo estaba tan tranquila. No tenía respuesta, porque ya no estaba tan fresca…. ya estaba sintiendo dolores muy fuertes.

No me dejaron la maleta, sino que una enfermera sacó tu ropita, unos pañales para tí, unos para mí, y mi piyama, y devolvió el resto.

Me mandaron a ponerme una bata, y a acostarme en una camilla, para monitorearte, y cuando me revisó la doctora, rompí fuente…. o me rompieron las fuentes. Tenía 9 de dilatación, pero tú estabas muy alta. Tuve que firmar un papel sobre aceptación de términos y condiciones, justo cuando las contracciones eran tan fuertes, que casi vomitaba. Pensé si no habría sido a propósito para que no leyera la letra chiquita. Y me mandaron a que me cambiara la bata, por otra seca.

Cuando salí del baño, la doctora me vió la cara y me dijo, “ya estás mal, ¿verdad?”. Yo sólo pude mover la cabeza.

Me sentaron en una silla de ruedas, y me llevaron a una camilla, para que empezara a pujar. No dejaron entrar a tu padre, ni a la abuelita. Estuve sola. Me pusieron occitosina, dizque para que bajaras. Me estaba ahogando con la barriga, porque tenía la espalda inclinada, y aunque había visto varios partos enDiscovery Home & Health, y sabía cómo tenía que respirar, pues en los cursos no lo explicaron (pésimos cursos), no atinaba a tomar suficiente aire. En eso, entró una auxiliar, y me regañó porque lo estaba haciendo mal. Y en otro cuarto, había una muchacha, que se escuchaba jovencita, que daba alaridos y recibió muchos insultos de parte del personal. No tienen ningún respeto por las parturientas, como si no tuvieran madre. Señores y señoras, si no les gusta su oficio, dedíquense a otra cosa.

Por fin logré encontrar mi ritmo, y en menos de lo que lo cuento, la doctora vino corriendo porque ya estabas asomada, y quería que detuviera los pujos para no desgarrarme. Enseguida me llevaron a la sala de partos, propiamente dicha, me cortaron (episiotomía), y naciste. A las 3.50am. El único grito que dí fue cuando saliste completica, porque fue el único dolor insoportable que sólo duró segundos.

Pero no me dejaron tocarte. Te llevaron enseguida, a otro sitio. Y la doctora me cosió lo de la episiotomía, a palo seco, porque yo no pedí ninguna anestesia. De modo que sentí el dolor que no había sentido con tu salida.

Después de eso, me trajeron mi piyama, con pañal, y me subieron a una camilla. Y cuando iba para otra habitación, te pusieron por fin, en mis brazos. Ahí estabas, con tu naricita aplastada. Y un golpe en el ojito, dizque a causa del parto. ¿Será que les creemos? Ni modo de saber. Y apenas nos acomodaron en la sala, con otras mamitas, la auxiliar me sacó una teta para que te la diera enseguida. Me sentí un poco rara, por la forma tan intempestiva en que lo hizo, pero yo deseaba amamantarte, así que no importó nada. Aquí estaba mi princesa, por tanto tiempo esperada.

No tenía pañitos húmedos, porque la enfermera que recibió lo de la maleta, los devolvió. Así que, la que estaba de guardia, me pasaba un trapito mojado, cada vez que tenía que cambiarte. Y a cada rato, venía a llevarte con ella, con el pretexto de que yo descansara. Y hasta me levanté, y fui a pedirle que me entregara a mi hija.

Finalmente, llegamos aquí, a la casa, hacia las 4pm. Y fue cuando me enteré de que, metieron de contrabando la cámara que me prestó el abuelito, y te tomaron fotos justo en el momento en que nacías.

No las publico, por aquello de la intimidad más íntima, pero cuando crezcas, las podrás ver, y saber cómo viniste a este mundo.

Quisiera haber conocido antes, algo sobre el parto respetado… el derecho que tenemos todas las madres, de parir a nuestros hijos con dignidad. De la manera más cómoda para que el parto sea más fácil y sin traumatismos. Acompañadas de quienes deseemos, porque, estoy convencida de que si tu padre hubiera estado presente en el parto, se le habría hecho más fácil responder. Sin recibir insultos ni regaños, porque el dolor es de cada una, y sólo una puede saber qué tan tolerable es. En fin, el parto es nuestro momento mágico, en el que la vida se nos manifiesta tan poderosa, como un movimiento telúrico que remueve hasta el último rincón de nuestro ser. Y somos parte de este momento. Cocreadores de un  milagro. Desde el momento que en uno ve la primera ecografía, se sabe parte de la magia de la vida…. no de otro modo se entiende que, apenas un montoncito de células, que ni siquiera se ven con claridad, se conviertan en esa personita que se abre camino a través de nuesrtas entrañas, y nos transforme la vida tan profundamente.

2 comentarios el “Pariéndote, por Katrina A. Méndez

  1. Zary
    12 mayo 2011

    Muy honesta tu historia!! Muchas gracias por compartirla!

    Me gusta

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