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A un beso de distancia

Alimentación Complementaria


Aquí les dejo este excelente post de nuestra amiga Louma, de Amor Maternal, donde nos habla de como empezar, que dar, y que recomendaciones importantes se deben tener en cuenta, cuando se trata de alimentación complementaria, y como introducir, después de los 6 meses y progresivamente, todo tipo de alimentos, para que sea exitosa la labor de alimentar, la disfruten mamá- papá y bebé, y no sea una tortura, sino un momento para compartir en familia y crecer de manera agradable y exitosa.
El mejor libro, Mi niño no me come, de Carlos González (muy pronto de venta aqui)
Alimentación Complementaria, por Louma, Amor Maternal
Hace tiempo que quiero tocar el tema de la alimentación complementaria. Creo que muchos pediatras, demasiados diría, dan pautas muy estrictas acerca de cómo abordar el tema. Algunos incluso indican en qué orden y cuántos gramos se deben introducir de cada alimento.
Aunado a esto, si comparamos entre un pediatra y otro, o entre una enfermera pediátrica y un libro o revista, o folleto informativo medianamente serio que haya caído en nuestras manos, nos daremos cuenta de que hay una enorme diversidad de criterios. Eso en cuanto a qué alimentos introducir, en qué orden y en qué cantidad, pero si miramos el tema de la textura de los alimentos, surge otro montón de variantes.
Algunas fuentes recomiendan que los alimentos estén perfectamente licuados, con una textura sedosa para evitar el atragantamiento del niño. Otras, en cambio, refieren que lo ideal es que el niño vaya aprendiendo a comer comida de verdad, argumentando que es absurdo acostumbrarlo a comer licuados, para luego quitárselos, pasar por una etapa en la que los alimentos que no estén perfectamente homogéneos le darán arcadas, para finalmente convencerlo, o lograr que coma comida normal.
Obviamente, lo de comida normal entraría dentro de lo razonable. Una tendencia que recomienda comenzar con alimentos de verdad es el baby-led weaning, o alimentación auto-regulada. Vivian, de Nace una Mamá, tiene unos artículos estupendos al respecto.
Cuando comencé a introducir alimentos sólidos en la dieta de mi bebé, escuché las indicaciones de la enfermera y algo que causó señal de alarma en mí, era su sugerencia de que ahora la “comida principal” iban a ser los sólidos y que la lactancia pasaría a un plano secundario, como un postre, por ejemplo, luego de las comidas. Nos indicó un montón de frutas en orden, y en cantidades que creo son muy grandes para un niño tan pequeño.
Uno o dos meses después, nos indicó un menú con 5 comidas diarias, y yo me preguntaba dónde entraría la lactancia en todo esto. Después de todo, tengo entendido que según la OMS, la lactancia materna debe ser el único alimento en niños menores de 6 meses, luego el principal en niños hasta alrededor de los 12 meses, para posteriormente continuar con la lactancia hasta un mínimo de 2 años, complementándola con otros alimentos balanceados.
Dentro de esas 5 comidas, si mal no recuerdo, el desayuno constaba de cereales y fruta, el almuerzo de carne, o pollo con arroz o pasta y verduras, luego de merienda frutas y galletas, y de cena nuevamente lo mismo que el almuerzo. Eso en un niño de unos 8 meses. A mí me parecía una cantidad monstruosa y de hecho nunca llegamos a comer tanto…
No me frustré con las porciones, seguí las indicaciones referentes a evitar los alimentos con alta probabilidad de resultar alergénicos, como por ejemplo los pescados, los lácteos, la miel, los cacahuetes, los mariscos, etc. y dentro de esos parámetros, si Sam estiraba la manito con cara de interés hacia lo que yo estaba comiendo, le ofrecía un poco, habiéndolo aplastado un poco con el tenedor.
Así que alrededor de los 7 meses, comenzamos a probar varios alimentos. Procuraba hacerlo justo antes del baño, sabiendo que íbamos a rociar toda la ropa, la silla, el suelo y a veces incluso las paredes. Piensen que el alimento es algo nuevo para el niño, y él debe descubrirlo, explorarlo, tocarlo, amasarlo, aplastarlo, en fin, familiarizarse con él antes de realmente ingerirlo. De una porción, lo que realmente acaba en el estómago es muy poco. Por eso también me sentía tranquila y contenta de continuar con la lactancia materna, sabiendo que esta supliría la casi totalidad de su demanda energética, mientras experimentaba con la alimentación complementaria.
No faltaron comentarios acerca de lo poco que comía, pero sabiendo que la lactancia a demanda podía cubrir la mayor parte de su requerimiento nutricional, procuraba que los alimentos que le ofrecía fueran muy nutritivos para cumplir con el resto. Acababa de recibir como regalo de una buena amiga el libro Mi Niño no me Come, de Carlos González, y lo había leído de tapa a tapa. Repleto del humor y la sencillez de Carlos, aprendí que no era muy importante el orden en el que se introducían los alimentos, confié más aún en la lactancia, entendí que se deben ofrecer alimentos lo más ricos posible en nutrientes, comprendí la importancia de que el niño coma lo mismo que el resto de la familia y me relajé.
Cuando decimos lo mismo, obviamente hacemos la salvedad dentro de lo sensato. Por ejemplo, si el niño aún no come pescado y es lo que va a comer el resto de la familia ese día, podemos prepararle 5-8 tornillitos de pasta, por ejemplo. Siendo un bebé de 7-8 meses, es probable que con 4-5 tornillitos se llene. Yo lo que hacía era preparar una buena cacerola de risotto de verduras con carne molida, bien aliñado con hierbas, bien gustoso, como si fuera para mi, pero sin sal, y lo congelaba en porciones pequeñas. Cada vez que preparaba una comida que sabía que probablemente no agradaría a mi pequeño, o que aún no podía comer, sacaba una cajita de risotto y mi hijo encantado.
Tan es así que nunca ha probado un potito industrial. Me da mucho orgullo decirlo y me hizo mucha gracia el otro día cuando fuimos de compras y Sam señaló unos potitos, me miró y me dice “mama, that’s medicine” (mamá, esos son medicamentos), claro, viendo una botella de vidrio, es a lo que más se le pareció. Le respondí “no, honey, it’s industrial baby food” (no, cariño, es comida industrial para bebés). La dependienta, que comprendía inglés se rió de la situación, y Sam lo repitió un par de veces más, supongo que para memorizar la palabra nueva 🙂
Otro aspecto que considero importante dentro de la alimentación es el no obligar. Algunas personas que llegan a la edad adulta con fobias a ciertos alimentos, las padecen porque han sido obligados a comerlos. He leído y escuchado en persona cantidad de testimonios acerca de obligar a los niños a comer, madres que dicen que no tienen un restaurante con menú, que cada uno debe comer lo mismo, etc. Sin embargo creo, que así como le preguntamos a nuestra pareja: “cariño, ¿qué te apetece cenar hoy?”, se lo podemos preguntar también a nuestros hijos, conciliar, negociar, organizar turnos para ver quién decide qué comer hoy, y quién decide mañana.
A mi parecer nada cuesta sacar milanesas de pollo del congelador para prepararlas, o milanesas de carne. Es exactamente el mismo gesto. Creo que la flexibilidad juega un papel importante en la alimentación de los niños. Ofrecer, sin presionar, si no acepta probar, podemos volver a preparar ese alimento otro día, de una manera diferente, o incluso de la misma y es posible que ese día sí le apetezca probar y que le guste. Sin presionar, sin amenazar, sin “si no te comes eso, pues tampoco hay postre”, etc. Recordemos que es conveniente tratar a nuestros hijos de la misma manera en la que trataríamos a un adulto, después de todo somos iguales, son personas tan dignas de respeto como nosotros.
También es conveniente respetar las cantidades que desea ingerir el niño. Normalmente cuando se han saciado, nos lo hacen saber de alguna manera. Si insistimos con que coma un poco más con frases del estilo “Anda, cariño, otra para mamá… ahora otra para papá”, podemos además de disgustar al niño, desviarlo de la atención que presta a las señales de plenitud que emiten su cuerpo. Creo que todos conocemos las consecuencias de no oír esas señales, ¿no?
Por úlltimo comentarles que creo en el apetito biológico de los bebés, creo que un niño que no tiene ninguna influencia externa acerca de la comida, quiero decir, por ejemplo un niño que no es aparcado durante horas frente a la tele, y expuesto a publicidades y mensajes subliminales incitando al consumo de comida chatarra, elegirá por sí sólo, instintivamente los alimentos que su cuerpo necesita.
Aquí les dejo unos excelentes videos sobre el tema:
Carlos González explica cómo se ha de iniciar la alimentación complementaria. (Video con sonido en catalán y subtítulos en castellano)

 

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