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A un beso de distancia

Me das un beso? Inicio de educación sexual.


Hoy empezamos la semana, compartiendo esta excelente entrada del grupo Niños y Crianza, del Centro Gestalt de la Sabana en Bogotá, donde nos hablan de un tema inocente, el buen portarse de nuestros hijos, que en realidad no debería tomarse tan a la ligera, y deberiamos apropiarnos de estas “buenas maneras” que enseñamos, deseamos y obligamos cumplir a nuestros hijos, y responsabilizarnos de estos, viendo mas allá de lo evidente.
Entrada original, aquí

 

¿Me das un beso? – Sexualidad en la Crianza

Por Ana María Constaín

A los niños les pedimos besos y abrazos constantemente. Y si nos lo niegan les decimos muchas cosas: “Qué antipático”, “¿Es que no me quieres?”, “Ay, ¡qué triste estoy!”
Esto es algo de lo que me he dado cuenta últimamente. Porque Eloísa muchas veces dice que no. Empuja, se enfurece, se pone grosera.
Normalmente le insisto que dé aquel beso o abrazo pedido. Porque no quiero que los demás se sientan mal. Ni que sea una niña grosera. Noto que las personas más cercanas a ella se hieren por sus “desplantes”. Temen muchísimo perder su amor.
Si soy yo la que después de una larga jornada llego a la casa y no me determina, me es difícil no obligarla a saludarme. Después de todo ¿no me debería extrañar? ¿Acaso a los padres no debemos saludarlos con el respeto que merecen?

Hay mucho alrededor de este tema. Pero más allá de las convenciones sociales o de si los niños están bien educados, hay algo que me hace aún más ruido.
Hay un mensaje velado: No importa lo que tu quieras, o sientas. Debes satisfacer a los demás. Tu eres responsable de que estén felices. Debes demostrarles tu afecto de la manera en que ellos quieran.
Y esto no es precisamente lo que queremos que haga un adolescente con su sexualidad. Queremos que de repente empiece a decir que no. Claro porque ya no se trata de una convención social sino de un acto moralmente incorrecto. Aunque si seguimos pretendiendo que ignore lo que siente y quiere.
Es todo muy confuso. Y no nos damos cuenta de la cantidad de incoherencias con las que vivimos y que le transmitimos a nuestros hijos.

La sexualidad está llena de estas incoherencias y mensajes contradictorios.
Creemos que hay que esperar a que empiecen a preguntar para llenarlos de información científica, de libros y datos, mientras morimos de miedo.
Tratamos de controlar todo, de vigilarlos, protegerlos de que vean y oigan cosas inapropiadas. Les ponemos hora de llegada, les llamamos, les perseguimos. Les castigamos. Todo por su bien. Para que no tengas bebés fuera de tiempo, o se enfermen con alguna de esas enfermedades innombrables. Para que no sean inmorales, mal vistos por la sociedad. Que no sean señalados y después ya nadie los quiera para algo serio.
Esperamos que sentarnos frente a ellos, con la voz temblorosa y sonrojándonos, mientras balbuceamos algunas cosas que ellos ya saben de memoria, sea suficiente para que sean sexualmente responsables. Tal vez, si somos muy liberales, les damos una caja de condones, o les recetamos pastillas con cualquier excusa médica. Los vacunamos contra todo lo que haya. Dejamos que el colegio explique lo demás.

Tenemos nuestra propia sexualidad enredada. Aún cuando tratamos de ser conscientes y darles la mejor educación, de ser abiertos y contestar sus preguntas.
No nos damos cuanta a veces que todo empieza mucho antes. Desde nuestras propias historias, carencias, represiones, abusos y culpas. Y no concibo una educación sexual sin mirar todo esto de frente. Sin hacer conciencia de cómo definimos y vivimos nuestra sexualidad.

La sexualidad está en la manera en como concebimos, parimos, amamantamos, y acariciamos a nuestros bebés. En como nos relacionamos con nuestro propio cuerpo y con sus cuerpos. En cómo los vestimos, cambiamos, bañamos y alimentamos.
Desde mi punto de vista la sexualidad no debería ser tratada como un tema aparte.
La educación sexual forma parte de toda la crianza.
Está en el día a día, cuando empiezan a distinguir lo que les gusta y lo que no. Cuando les ponemos límites y nos los ponen. Cuando les enseñamos las partes de su cuerpo.
Estamos educándolos en la sexualidad al mostrarles las consecuencias de todos sus actos. Al respetarles sus preferencias y sus necesidades. Al cultivar en nuestras casas el cuidado por nosotros mismos y todo lo que nos rodea.
Si los valoramos, los miramos, les damos seguridad aprenderán a no intercambiar sexo por aceptación.
Si validamos lo que sienten podrán distinguir sus emociones.
Si los amamos sin condiciones, sabrán reconocer el amor.
Los educamos en la sexualidad al aceptarlos. Aceptar sus cuerpos sin insinuarles cómo se verían mejor. Al permitirles sentir placer y frustración.

¿En últimas que más educación sexual que acompañarles a darse cuenta que son ellos mismos los responsables de su propia felicidad?

Seguiré atenta. Dejaré de seguir automáticamente mi impulso a convertir a Eloísa en una niña educada y agradable y le permitiré sentir lo que quiere hacer. Decir que no cuando se trate de ella. Le permitiré apropiarse de sí misma. (¡al menos lo intentare!)

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Abrazarte complementa.

Nos esforzamos un montón por que nuestr@s hij@s se “porten bien”, “encajen”, “pertenezcan” para evitarles sufrimientos, supuestamente. Ell@s luchan día a día, por agradarnos a nosotros los padres, a los familiares, a los maestros, a los amigos, luego buscaran agradar a los compañeros que les ofrezcan drogas, agradar sexualmente a sus parejas
por ser aceptad@s, etc…

Toca pensar mucho mas allá de la norma … De lo establecido y de lo que estamos acostumbrados. Por que en realidad no estamos bien, nada bien, y para cambiar, tenemos que empezar desde lo más básico, retornar a la madre, pensar por que, para que y que consecuencias tienen nuestras acciones y palabras en nuestr@s hij@s.

Abrazarte
A un beso de distancia

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