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A un beso de distancia

La mala bruja (madre) Violeta, Criar en Contravia.


Muchas veces encuentro información por aquí y por allá, que se que debo compartir. Acá Violeta, desentraña lo que una buena madre debe hacer, y todo lo que se perdona, olvida y borra, con tal de no desprestigiar a este predicado y benevolente ser.

Les dejo su entrada, gracias Violeta !
Aquí otra madre imperfecta y que también prefiere ser juzgada por su hijo, antes de sentirme “súper poderosa”.

La mala bruja, de Criar en Contravia.

“Te estás poniendo bruja mamá!” esta es la voz de alarma, la señal que hemos ido creado con Kyara para avisarme que lo que estoy haciendo, le duele, la daña, la lastima, en definitiva que mamá se está transformando en bruja, que el regazo nutricio se está haciendo pesadilla y lo más importante que ella está dispuesta a defenderse. Me encantaría que no fuera necesaria, me encantaría que esas palabras jamás tuvieran que salir de su boca y que ella no sintiera la necesidad de defenderse de mi, de la bruja que yo soy. Pero negar su existencia, negar mi violencia, mi maltrato, mi indiferencia sería abandonarla sin ninguna tabla de salvación. Seguir sosteniendo el mito de que solo soy la madre buena, amorosa y bondadosa, enterrando en la conciencia de Kyara lo que ella sabe mejor que nadie (porque la conoce y la vive): que mamá puede ser dulce y nutricia pero que también existe y respira la madre monstruo, la madre bruja; sería seguir siendo cómplice de mi propia violencia y del desamparo sobre el que hemos construido esta sociedad. Soy también una madre bruja, una madre monstruo que en momentos (a veces más a veces menos) estalla en mil formas de maltrato, en miles de maneras de indiferencia e indolencia, me hago verdugo para salvar a mi propia victima infantil, aunque ahora la única niña es mi hija y solo ella es quien depende del alimento de mi amor, solo pienso en salvarme al precio que sea, madre bruja, madre monstruo, adulta-niña adolorida y asfixiada de abandono y desamparo…

Miles de millones de odas se han escrito y se escriben a la madre, la madre dulce, la buena, la nutricia, la santa, la gran madre creadora y dadora de vida a quien le debemos incluso el aire que respiramos, la incuestionable, la bondadosa, la que todo lo que hace lo hace por nuestro bien, la que aun cuando se equivoca es perfecta y maravillosa, la que todo lo sabe y todo lo puede, la que incluso es la mártir en las historias de dolor de sus hijos, quien vive el daño y el dolor en carne propia aunque sea ella misma quien lo infringe… la gran madre, la todopoderosa que de tanto poder se vuelve asfixiante y dictadora, de tanta impunidad en su supuesta perfección se hace pilar y sostén de una sociedad violenta y hostil.

“Cuestiona sobretodo lo incuestionable” ese es tal vez uno de los legados más importantes de mi padre y si hay algo incuestionable en nuestra sociedad es el mito de que las madres somos buenas por naturaleza y hacemos todo y más que lo que podemos y damos todo lo que tenemos y somos la encarnación del amor incondicional, del sostén infinito y la dulzura a borbotones… mentira! hacemos lo que podemos con lo que somos y de donde provenimos, pero no hacemos TODO lo que podemos; damos todo lo que tenemos, pero ese “todo” incluye lo dulce y lo amargo, el dolor y la alegría, el amor y el odio; y amamos, claro que amamos, pero con condiciones, con infinita cantidad de condiciones, exigimos que nuestrxs hijxs sean buenos y que no den problemas y que se ajusten a nuestros sueños y expectativas y que no nos pongan en cuestión y que por favor, ante todo por favor no nos abran la herida, no nos quiten el poco aire y atención que hemos logrado construir a nuestro alrededor. Somos mamás que dan vida y cuidados, sostén y bienestar, pero también somos madres brujas reproductoras de violencia, castradoras, represoras, indolentes; madres monstruo con las entrañas mutiladas negando nuestro cuerpo, nuestro regazo y mirada, que son alimento, hábitat y necesidad primaria de nuestrxs hijxs; madres brujas capaces de vendarnos los ojos y cerrarnos los oídos ante los pedidos de amor y atención de nuestros hijos, ante su llanto desgarrador de miedo y angustia porque mamá no está y no viene y no me escucha y no soy nadie….

Tampoco pretendo decir que somos malas, o vamos por la vida disfrutando dañar a nuestrxs hijxs, tan solo estamos heridas, muy, muy heridas, devenimos madres sin haber dejado de ser hijas carentes, niñas desamparadas; tomamos la responsabilidad del bienestar de una criatura cuando aún seguimos buscando y doliendo por aquel regazo dador que no tuvimos. Y en una sociedad donde ser madre es sinónimo de perfección hay muy poco lugar para quitarnos la máscara, para ponernos en cuestión y desnudar nuestras miserias, para mostrarnos frágiles e incapaces, para encontrar en otras madres el reflejo de todo lo mejor y todo lo peor de quienes somos, para tomar conciencia de que estamos haciendo con aquello que hicieron de nosotras.

Pero a la madre no se la cuestiona, se la valora y se la ama, porque le “debemos” la vida… pero también, por mucho que nos duela a la madre le debemos ( y nuestrxs hijxs nos deben) las heridas por donde se nos va la vida, el dolor y el desamparo donde nos hacemos adultxs, la violencia cotidiana visible e invisible que abona nuestras raíces más profundas… damos vida es verdad, pero también la cercenamos y reprimimos y nos hacemos adultas no porque alcanzamos cierta edad o porque parimos hijxs, empezaremos hacernos adultas y madres (no por cuestión de titulo y nombre, sino por oficio) cuando podamos mirarnos de frente y reconocernos en esa bruja que nos habita y nos domina (producto obviamente del dolor que vivimos), pero no para que nos invada la culpa y hagamos grandes escenas de golpes de pecho al punto que quienes nos rodean en especial nuestrxs hijxs terminen consolando nuestro dolor (otra de las grandes “virtudes” la madre perfecta) porque con esto no hacemos más que seguir escondiendo la basura bajo la alfombra y construyendo fortalezas que nos preservan de la responsabilidad y la crítica, nos haremos adultas cuando asumamos su existencia para hacernos responsables de ella, para asumir que somos un verdugo que cree preservar a nuestra victima interna y en su dolor daña y mutila y ante todo cuando podamos asumir su existencia frente a nuestrxs hijxs y develemos ante ellxs uno de los secretos mejor guardados, “mamá es amor, pero mamá también es monstruo y dolor” y con ello les demos el permiso para saber que no nos deben nada, ni tienen que perdonarnos, ni amarnos y sobre todo les demos la clave y los recursos para dejar de normalizar nuestros abusos.

2 comentarios el “La mala bruja (madre) Violeta, Criar en Contravia.

  1. natalia m
    24 enero 2013

    éste artículo es interesante para mí por que desde el momento que los niños nacieron, la imagen de madre que yo tenía ha venido cambiando. esa idea de perfección se ha ido desmoronando para entender que hacemos lo que podemos. tengo la voluntad de disfrutar a mis hijos, pero tambien tengo la voluntad de corregirlos en el momento apropiado y es aquí, donde en medio de la confusión por corregir ó dejar pasar para que me siga queriendo; que sale la madre mala, la monstruo que de la que ella habla en el artículo. que no solo asusta a mi hijo, tambien me asusta a mi por que no sabia que existía en mi. el proceso de crecimiento y conocimiento personal que significa tener un hijo parece no tener fin. soy muchas cosas que no conozco, algunas me gustarán, otras las odiaré pero todas me pertenecen y debo hacerme responsable de ellas.

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Esta entrada fue publicada en 22 enero 2013 por en la madre imperfecta y etiquetada con , , , .

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